“Hago cosas, pero ya no las disfruto como antes.”
Después de una pérdida puedes seguir trabajando, quedar con otras personas o participar en planes que antes te gustaban. Estás allí, sonríes incluso, pero sientes que una parte de ti permanece lejos de lo que está ocurriendo.
Quizá te preguntas si algún día volverás a sentir ilusión. Y cuando aparece un instante agradable, puede llegar la culpa: ¿cómo voy a disfrutar si esa persona ya no está?
En pocas palabras
Durante el duelo es frecuente que disminuyan la energía, el interés y la capacidad de disfrutar. La atención puede quedar absorbida por la ausencia, las preocupaciones o el esfuerzo de continuar con lo cotidiano.
A veces los primeros cambios se reconocen en momentos muy pequeños: saborear una comida, reír durante una conversación o notar que durante unos minutos has estado presente. No tienes que provocarlos ni sentirlos de una manera determinada.
¿Por qué me cuesta disfrutar después de una pérdida?
Perder a alguien importante altera la realidad conocida. Tu mente intenta comprender lo sucedido, mientras el cuerpo puede permanecer cansado, tenso o en alerta. Actividades que antes eran sencillas pueden exigir ahora mucha más energía.
Además, muchas experiencias agradables estaban vinculadas a esa persona: lugares, celebraciones, comidas, viajes, películas o pequeñas costumbres. Volver a ellas puede hacer más visible su ausencia.
En mi experiencia acompañando procesos de duelo, veo que muchas mujeres conservan la voluntad de hacer cosas, pero no consiguen sentirse plenamente dentro de ellas. Lo expresan así: “no siento esa chispa”, “hago planes, pero no los saboreo” o “lo tengo todo y, aun así, me siento sola”.
Seguir haciendo vida no siempre significa volver a sentirte conectada con ella.
Cuando la vida sigue por fuera, pero tú vas a otro ritmo
El entorno recupera sus rutinas con rapidez. Los mensajes, las responsabilidades y los planes continúan. Puede parecer que tú también deberías avanzar al mismo ritmo.
Entonces intentas llenar la agenda, mantenerte ocupada o reproducir la vida anterior. Pero la actividad no siempre devuelve la presencia. Puedes pasar el día cumpliendo y llegar a la noche con la sensación de no haber estado realmente en ninguna parte.
Tu ritmo interno quizá necesita otra cosa: menos ruido, más descanso, poder recordar, hablar de la persona o simplemente reconocer que hoy no tienes fuerzas para disfrutar.
La culpa cuando vuelves a reír o pasarlo bien
Algunas personas sienten que disfrutar supone traicionar el vínculo. Una comida agradable, una celebración o una carcajada pueden ir seguidas de pensamientos como:
- “¿Cómo puedo estar pasándolo bien si esa persona ha muerto?”
- “Parece que ya no me importa”.
- “Si dejo de sufrir, quizá me aleje de ella”.
- “Los demás pensarán que ya lo he superado”.
El dolor puede convivir con momentos agradables. La revisión clínica de Zisook y Shear describe que, durante el duelo, también puede existir capacidad de experimentar emociones positivas. Un momento de disfrute no elimina la pérdida ni reduce el amor que existió.
Disfrutar y echar de menos pueden coexistir
Puedes reír y sentir después un vacío. Puedes disfrutar de una tarde y llorar al volver a casa. Puedes agradecer algo hermoso mientras deseas profundamente que esa persona estuviera allí. El duelo no exige escoger entre recordar y vivir.
Por qué forzarte a estar bien puede alejarte más de ti
Cuando conviertes el disfrute en una obligación, empiezas a examinarte: “¿me lo estoy pasando bien?”, “¿por qué sigo igual?”, “¿cuándo volveré a ser la de antes?”. Esa vigilancia dificulta entrar en contacto con lo que sucede de forma espontánea.
También puede llevarte a aceptar planes para los que no tienes energía, ocultar el dolor para no preocupar a nadie o sentir que has fracasado cuando una actividad no produce el alivio esperado.
Puedes elegir una actividad pequeña que te resulte asumible y observar cómo te sientes. No tiene que producir alegría para que haya merecido la pena darte ese espacio.
Cómo empezar a abrir pequeños espacios de vida
1. Cambia “disfrutar” por “estar presente”
Quizá disfrutar resulte demasiado lejano. Pregúntate si puedes estar presente durante un minuto: notar el sabor del café, el aire al caminar o la voz de alguien querido. La presencia es un comienzo más realista que obligarte a sentir entusiasmo.
2. Elige experiencias pequeñas
No necesitas organizar un gran plan. Una ducha tranquila, sentarte al sol, escuchar una canción o pasear diez minutos pueden ofrecer un contacto breve con la vida sin demandarte demasiado.
3. Observa qué necesitas antes de decir que sí
Tal vez hoy necesitas compañía; quizá silencio. Puede apetecerte salir durante una hora y regresar pronto. Escuchar tu límite te permite participar sin abandonarte a ti misma.
4. Deja espacio para las emociones mezcladas
Si aparece tristeza en medio de un momento agradable, no significa que el plan haya salido mal. Y si aparece alegría, tampoco tienes que justificarla. Ambas forman parte de lo que estás viviendo.
5. Incluye a quien has perdido de una manera que te haga bien
Puedes brindar por esa persona, nombrarla, cocinar algo que le gustaba o llevar contigo un objeto significativo. A veces integrar su recuerdo permite participar en la vida sin sentir que tienes que dejarla fuera.
6. Registra las pequeñas señales
Al final del día, recuerda un instante en el que te hayas sentido mínimamente conectada: una conversación, una sensación corporal o algo que despertó tu interés. No necesitas convertirlo en gratitud obligatoria. Se trata de reconocer que ese momento existió.
¿Cuándo puede ayudarte buscar acompañamiento?
La falta de disfrute puede formar parte del duelo. Conviene pedir ayuda profesional cuando el vacío o la desconexión se mantienen con mucha intensidad, afectan de forma importante a tu vida cotidiana, sientes que no puedes sostener lo que te ocurre o aparecen otros síntomas que te preocupan.
Un espacio terapéutico puede ayudarte a diferenciar lo que pertenece al proceso de duelo, comprender qué te mantiene en piloto automático y encontrar una manera más segura de volver a entrar en contacto con tu vida.
¿Disfrutar un rato significa que ya he superado el duelo?
No permite llegar a esa conclusión. Puedes vivir un momento agradable y seguir echando de menos a esa persona. El modelo de proceso dual describe una alternancia entre atender la pérdida y atender otros aspectos de la vida. No es una secuencia de pasos que tengas que cumplir.
¿Y si nada me interesa durante mucho tiempo?
Conviene consultar, especialmente si la falta de interés se mantiene casi todo el día y afecta al sueño, la alimentación o tus relaciones. Puede haber depresión u otras dificultades que merezcan atención. No tienes que esperar a estar peor para pedir ayuda.
Escúchalo en Duelo en Calma
En el episodio 1, La vida sigue tras la pérdida: volver a disfrutar sin forzarte, encontrarás una conversación sobre esta experiencia.
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Para seguir leyendo
Referencias
- Stroebe, M. y Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: rationale and description. Death Studies, 23(3), 197–224.
- Zisook, S. y Shear, K. (2009). Grief and bereavement: what psychiatrists need to know. World Psychiatry, 8(2), 67–74.
- National Institute of Mental Health. Depression.
Contenido divulgativo. Las propuestas de reflexión son opcionales y no sustituyen una valoración o un tratamiento individualizado.
