Cada mes puede comenzar con esperanza y terminar con otra despedida que casi nadie ve.
Esperas. Observas tu cuerpo. Calculas fechas. Intentas no hacerte ilusiones y, al mismo tiempo, deseas profundamente que esta vez sea diferente. Cuando el embarazo no llega, vuelves a recoger por dentro un futuro que ya habías empezado a imaginar.
Quizá quienes te rodean intentan animarte diciéndote que te relajes, que tengas paciencia o que existen otras opciones. Pero lo que te ocurre no se resuelve con una frase tranquilizadora. Hay un proyecto importante para ti que se ha llenado de incertidumbre.
En pocas palabras
La infertilidad puede dar lugar a un duelo repetido y difícil de reconocer. No siempre existe una única pérdida o un momento claro a partir del cual empezar a procesarla. Puede haber esperas, resultados negativos, tratamientos que no funcionan y decisiones que obligan a despedirte de una posibilidad concreta de maternidad.
Reconocer este dolor no significa renunciar a tu proyecto. Significa dar espacio a lo que estás viviendo para no tener que sostenerlo todo en silencio mientras sigues tomando decisiones.
¿Por qué hablamos de duelo por infertilidad?
Cuando deseas ser madre, el proyecto empieza a existir antes del embarazo. Puede aparecer en la manera en la que imaginas tu familia, en los nombres que piensas, en la edad a la que creías que ocurriría o en la vida que esperabas compartir.
Cuando ese proyecto no puede desarrollarse como imaginabas, no pierdes solamente un resultado. También puede tambalearse una historia interna que dabas por hecha.
Quizá todavía conservas posibilidades y, aun así, necesitas despedirte de algo: de que ocurra de manera espontánea, de tener un hijo con tus propios óvulos, de compartir la carga genética con tu pareja o de vivir la maternidad en el momento que habías elegido.
Puedes mantener la esperanza y estar atravesando un duelo al mismo tiempo.
Una pérdida que se repite y no siempre tiene final
En otros procesos existe un acontecimiento que marca con claridad un antes y un después. En la infertilidad, la experiencia puede avanzar por ciclos: una nueva espera, una prueba, una llamada, otro resultado o una decisión que no querías tener que tomar.
Cada intento puede movilizar de nuevo la ilusión y el miedo. Cuando no funciona, quizá no tienes tiempo para asimilar lo ocurrido porque ya debes decidir si empiezas otro tratamiento, haces una pausa o cambias de camino.
Esta repetición puede resultar agotadora. No es únicamente el tiempo que llevas intentando ser madre. Es el esfuerzo de abrirte una y otra vez a la posibilidad y protegerte, al mismo tiempo, de una nueva decepción.
Cuando empiezas a desconfiar de tu propio cuerpo
La infertilidad puede cambiar la relación que mantienes con tu cuerpo. Algo que antes habitabas con naturalidad empieza a convertirse en una fuente de información, vigilancia y preocupación.
Observas síntomas, cuentas días y te sometes a exploraciones o tratamientos. Es posible que sientas que tu cuerpo se ha convertido en un lugar que debes controlar o corregir.
También pueden aparecer enfado, vergüenza o pensamientos como “mi cuerpo me está fallando”. Que estos pensamientos aparezcan no significa que sean una descripción justa de ti. Expresan el dolor y la impotencia que estás intentando comprender.
Tu cuerpo no es únicamente un tratamiento
Durante el proceso puedes necesitar recuperar experiencias corporales que no estén relacionadas con pruebas, fechas ni resultados: descansar, caminar, recibir un masaje, moverte de una forma agradable o permanecer unos minutos sin examinar ninguna señal.
No se trata de obligarte a querer tu cuerpo. Puede ser suficiente con empezar a relacionarte con él sin convertirlo continuamente en el responsable de lo que está ocurriendo.
El impacto de los tratamientos de fertilidad
Comenzar un tratamiento puede abrir una posibilidad y despertar muchos temores. Quizá necesitas comprender procedimientos complejos, organizar citas, asumir costes o decidir hasta dónde quieres continuar.
El cuerpo también puede quedar sometido a intervenciones, medicación y exploraciones. Además, cada fase puede sentirse como una prueba en la que debes esperar para saber si has avanzado o vuelves al inicio.
No tienes que vivir el tratamiento con optimismo permanente. Puedes sentir esperanza, cansancio, miedo y ambivalencia. Ninguna de estas emociones determina cuánto deseas ser madre ni el resultado que tendrá el proceso.
Cómo puede afectar a la relación de pareja
Dos personas pueden vivir el mismo proceso de maneras muy diferentes. Una necesita hablar y la otra intenta protegerse centrándose en lo práctico. Una quiere continuar inmediatamente y la otra necesita detenerse. Ninguna de estas respuestas demuestra necesariamente que el proyecto importe menos.
También puede cambiar la intimidad. Las relaciones sexuales pueden quedar ligadas al calendario, al rendimiento o a una finalidad concreta. Lo que antes era un espacio de encuentro puede llenarse de presión.
Puede ayudaros hablar no solo de la próxima decisión, sino también de cómo está cada una de las personas dentro del proceso. A veces una pregunta sencilla abre más espacio que intentar encontrar una solución:
¿Qué parte de todo esto está siendo más difícil para ti esta semana?
Cuando el entorno no comprende lo que estás viviendo
La infertilidad puede resultar especialmente solitaria porque gran parte de lo que ocurre permanece oculto. Quizá no quieres explicar cada resultado ni responder continuamente a preguntas sobre la maternidad.
También pueden doler situaciones que antes eran sencillas: un anuncio de embarazo, una celebración familiar, una conversación sobre hijos o una pregunta aparentemente inocente.
Sentir tristeza o necesitar apartarte durante un tiempo no significa que no te alegres por otras personas. El dolor ajeno y la alegría por alguien querido pueden coexistir, aunque sostener ambos resulte difícil.
Frases como “relájate”, “cuando dejes de pensarlo ocurrirá” o “siempre puedes adoptar” pueden aumentar la sensación de incomprensión. Aunque intenten ayudarte, simplifican una experiencia que afecta a muchas partes de tu vida.
Cómo cuidarte durante este proceso
1. Diferencia la información del acompañamiento
Quizá necesitas información médica para tomar decisiones y, en otros momentos, necesitas que alguien escuche cómo te encuentras. Expresar qué necesitas puede evitar que cada conversación se convierta en una sucesión de consejos.
2. Decide con quién quieres compartirlo
No estás obligada a explicar cada paso. Puedes elegir a una o dos personas con las que puedas hablar sin sentir que debes tranquilizarlas ni responder a todas sus preguntas.
3. Protege algunos espacios de tu vida
Si es posible, conserva actividades o momentos que no giren alrededor de la fertilidad. No para distraerte de lo que sientes, sino para que el proceso no ocupe todos los lugares de tu identidad.
4. Permítete poner límites
Puedes rechazar una celebración, silenciar temporalmente determinados contenidos o pedir que no te pregunten por el tratamiento. Un límite no es una falta de cariño: puede ser una manera de cuidarte cuando estás especialmente sensible.
5. Revisa cada decisión desde tu momento actual
Lo que decidiste al comenzar no tiene por qué obligarte indefinidamente. Puedes necesitar continuar, cambiar de opción o hacer una pausa. Revisar tus límites no significa rendirte.
6. Busca apoyo antes de llegar al límite
Un espacio psicológico puede ayudarte a poner palabras al dolor, cuidar la relación con tu cuerpo y tomar decisiones sin que cada resultado determine por completo tu valor personal.
¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?
Puede ser recomendable pedir acompañamiento si la espera ocupa casi todo tu día, sientes ansiedad intensa antes de cada prueba, te resulta difícil dormir o trabajar, te estás aislando o la relación con tu cuerpo y tu pareja se ha vuelto especialmente dolorosa.
También puedes consultar antes de tomar una decisión importante o cuando sientas que necesitas un lugar en el que no tengas que aparentar fortaleza.
No tienes que esperar a estar desbordada. El acompañamiento psicológico puede ayudarte a sostener el proceso sin reducir toda tu vida a su resultado.
Escúchalo en Duelo en Calma
En el episodio 14, Duelo por infertilidad: cuando el proyecto de ser madre no llega, hablo de la dificultad de aceptar que quizá no suceda de forma natural, del impacto de los tratamientos y de la incomprensión del entorno.
Vuelve a ti en 3 minutos
Si notas el cuerpo tenso, la mente saturada o que todo tu día gira alrededor de la espera, esta pausa puede ayudarte.
He preparado una práctica guiada de tres minutos para ayudarte a bajar la tensión interna y recuperar un pequeño espacio de calma dentro de ti.
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Referencias
- Organización Mundial de la Salud. Infertility.
- European Society of Human Reproduction and Embryology. Routine psychosocial care in infertility and medically assisted reproduction.
Contenido divulgativo. No sustituye la valoración médica, psicológica ni el acompañamiento individualizado durante un proceso de infertilidad o reproducción asistida.
